Luego de tantos años queriendo compartir un poco de mi vida, me he decidido, un día después del fallecimiento de mi abuelo. ¿Por qué esperamos a que algo nos marque la vida para hacer lo que queremos hacer?. El notar lo efímera que es nos recuerda que el tiempo es corto, la muerte llega en cualquier momento; olvidamos dentro de nuestra rutina que la muerte cada vez está más cerca, un día más de vida siempre será un día menos, un día menos que dejo de hacer lo que me gusta, un día menos que no hago lo que realmente quiero, un día menos en el que pienso que será un día cualquiera puede ser el último; un último abrazo, un último beso, un último adiós, una última mirada al cielo y saber que soy tan pequeña en tanta inmensidad… Seguro la última vez que hice algo que me gustaba fue hace mucho, porque olvidé que quizás no habría próxima vez, y si es así la última vez que hice algo con pasión fue hace más de lo que puedo recordar; pienso en cosas que no tienen sentido muchas veces, pero no pienso en lo que realmente me gusta hacer, ¿por que después de ser adultos nos cuesta tanto volver a ser niños?, de niños sabíamos que nos daba tanta alegría y claro, que siendo niños sabíamos todo lo que nos hacía felices; la vida se trata de eso, de saber que nos gusta tanto que nos apasione, pero nos adentramos en la profundidad de las cosas de adultos, en el trabajo, en las cuentas por pagar, en las responsabilidades y nos olvidamos de nosotros mismos enfocándonos en cómo solucionarnos la vida para que no sea tan “dura” y dura entre comillas porque nosotros mismos hacemos que así sea (poco a poco iré dando el enfoque a lo que quiero llegar), y es que si de niños éramos tan felices con poco y el dinero no importaba ¿Por qué ahora de grandes nos complicamos tanto?, la sociedad ha impuesto tantas cosas que se supone que debemos hacer que pasamos por alto la vida en si.
Si la sociedad no exigiera tanto no existirían tantas personas con depresión, algunas hasta llevarlas al suicidio, y si… allá también estuve, depresiva contemplado la única salida fácil por no poder estar dentro de los parámetros impuestos por la sociedad, la vida financiera perfecta, sin deudas, con apoyo familiar, pareja perfecta, buen trabajo, mascotas e hijos; pues según los parámetros sociales impuestos tanto por mi familia como por mi entorno era así, la vida que debería tener y cómo debería ser; yo por el contrario siempre he ido en contra de los parámetros, tanto que no poseía ni sola cosa de las antes mencionadas y no es que yo lo haga para ir en contra de eso, es porque siempre lo que he querido hacer no está dentro de las reglas que se supone que debo seguir; al notar la dichosa vida que tienen las personas que si siguen con los parámetros, me sentí derrumbada, todo lo que había hecho no había servido para nada, tantas noches de desvelo estudiando, la soledad, mi esfuerzo mental y físico todos estos años habían sido perdidos, y todo por una sola decisión. Así que empecé a mirar los edificios más altos de la ciudad y a cual se podría acceder fácilmente a la azotea, y de repente recordé que mi infancia estuvo enfocada en la religión católica, desde muy pequeña siempre estuve conociendo la vida de Jesús y sabía que lo que estaba pensando no estaba bien; secaba mis lágrimas y continuaba mi día; eran días muy oscuros, vacíos y tristes, no hablaba de eso con nadie, bebía un poco a escondidas para calmar mi angustia pero no funcionaba, estaba acompañada pero sola, tan sola que las personas que me rodeaban no notaban lo mal que yo me sentía, para mi nada tenia sentido y lo mejor era llegar al final, nada valía para mi; pensaba en Jesús y pedía perdón, pero aun con la idea en mi cabeza... ¿Y si me aviento a un vehículo que vaya a toda velocidad? pero sabía que le arruinaría la vida a alguien más y no estaba bien, pensé en varias cosas que podría hacer, no pensé en el dolor que les iba a causar a mis allegados porque ellos no estaban para mi en ese momento; realmente nunca pensé que en algún momento iba a estar allí, viéndole la cara al demonio contento porque iba ganando la batalla, él estaba feliz porque siempre había tenido mi religión muy presente pero no allí cuando más debí estar pegadita a Dios. Luego comprendí que la depresión puede llevar muy fácil al suicidio y que todas esas personas que deciden su muerte estaban solas en compañía, y es que no se busca que solucionen la vida ni los problemas, se necesita es a alguien que te tome de la mano y te diga "vamos a salir de esto juntos" y que nunca te deje solo; y eso fue lo que mi mamá hizo conmigo sin ella saberlo, llegue a la casa de mis padres para quedarme un tiempo, después de 4 años, fue como un retiro espiritual, fueron varias semanas de idas a la iglesia, consultas con el párroco, oración y meditación las que me regresaron a mi, a ser yo nuevamente y comprender que la sociedad no te define, la sociedad te limita, te angustia, te sofoca, no te deja ser feliz.
Gabriela Stephani
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